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Busca y sólo así encontrarás

Inclusión en una sociedad no destructiva. ActivaTE en un espacio creativo y no un sencillo blablaCHAT. Originalidad para un mundo de individuos con mentes dispuestas a recibir información constante. Consulta de Wikis, Spaces, etc. con un mínimo de formación al respecto. Utiliza tu imaginación para lo inimaginable y hazte el favor de -reinventarte-. Si lo que haces no va a ninguna parte quizá sea porque algo no está funcionando, tu plan “perfecto” falla. Re-direcciona tus objetivos, haz una lista titulada ‘CAN DO IT’ de principios y/ó valores a un lado, y características personales y especialmente de tu persona a otro.

Recuerda que no necesitas de nadie, pero ¡Ojo!, lo que sí es imprescindible es que te -Busques- y te -Encuentres-. Sólo de ese modo alcanzarás la cima.

frases

Inventiva, descubrimientos. -Crisis-

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

Albert Einstein.

 

Deshaced el verso

León Felipe
Zamora 1884 – México 1968

“Llegué a México (por primera vez) montado en la cola de la revolución. Corría el año de 1923. Después, aquí he vivido por muchos años: Aquí he gritado, he sufrido, he protestado, he blasfemado, me he llenado de asombro…”

Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma…
Aventad las palabras…
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.

¿Qué
importa
que la estrella
esté remota
y deshecha
la rosa?…
Aún tendremos
el brillo y el aroma

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Creación de un nuevo clima en el que los poetas proclaman la necesidad de desnudar al verso, de mantener, antes que cualquier criterio de composición formal, su fidelidad a la comunicación poética: “a priori, no admito ninguna forma métrica. Sé que siendo fiel a mí mismo cumplo con la única ley eterna e inmutable de la belleza”

Ciudad tecnológica

Han pasado los años, la calle ya no pinta igual. La fachada del edificio de La Opinión es color azul cían, a la cual le traspasa de lado a lado un túnel por el que circulan naves con varias paradas, (la EOI y otros edificios importantes hasta llegar a Juan de Borbón). La ciudad es otra, la tecnología ha invadido cada rincón. Las personas no son como antes, sus miradas están dirigidas a un aparato que hay entre sus manos, un artilugio sin botones, los hay de todo tipo, grandes, pequeños, de colores, con plástico que los envuelve, etc.
El tranvía ha desaparecido, y en su lugar hay un robot cien pies automatizado que va desde la Circular hasta Molina pasando por cada Centro Comercial e incluso por Terra Natura. El ticket ha subido, ya no todo el mundo puede permitirse el paseo, no demasiada gente utiliza el gusano, circulan en bici hasta lugares impensables, los coches perdieron su encanto desde la puesta en marcha de los robot, el precio del petroleo ha bajado pero aún así casi nadie utiliza su antiguo vehículo, se basan en decir que no hay espacio para circular libremente desde el cien pies. Sales de casa andando hasta Refugio (un Pub que solía frecuentar en mi juventud), pides una cerveza bien fría (si puede ser la más fría), te sientas y miras a tu alrededor, ya nada es interesante, todo perdió su encanto, incluso la humanidad. Te acercas a un joven muy atractivo que se apoya al otro lado de la barra, le miras, le guiñas un ojo sonriendo al mismo tiempo, y te das cuenta al cabo de hora y media de que ni se percató de que estabas allí, tenía su mirada echando fuego hacia el trasto infernal, sus oídos estaban tapados y su boca dejaba entrever una mueca de cansancio. Y… ¿Que tendría aquel pequeño armatoste? Quizá un conjuro más fuerte que su propia voluntad había traspasado la pantalla dirigiéndose como un rayo e introduciéndose en su interior. La cadena no iba a parar, era un proceso auto destructivo que por si sólo no cesaría, había que bloquearlo, quizá cabía la posibilidad de salvarse. Solo con el tiempo se descubriría la forma.

Aunque algunos de entre millones ya tenemos las estrategias necesarias como para no caer de lleno al vacío.

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Seguir aunque nadie te escuche.

Ya nadie me comenta, miento, ‘casi nadie’. Me hago la remolona leyendo unos blog y otros, de temáticas varias. Los hay de todo tipo, de fantasía, de personas que escriben genial y con palabras acertadas, de gente que redacta lo que siente con un orden coherente para ellos e incoherente para muchos, otros tantos que lanzan poemas plagiados, muchos que tras la letras enamoran, algunos que aún escribiendo de forma atroz llegan al corazón, etc, etc.
Sin embargo al final del día, después de leer unos diez Post, entro a mi espacio y ¿qué encuentro?, cero comentarios ‘casi todos los días’, pero… ¿en verdad me importa?, sí, obviamente me importa, pero no tanto como para dejar de escribir o gustarme lo que hago, no tanto como para abandonar el camino, todo lo contrario.

Y me pregunto;
¿Qué pinta el mundo en mis sueños?, las gentes, circunstancias, anécdotas, sólo son pasajeros, vienen y luego se van. Por el contrario los sueños llegan y se acoplan de la mejor forma posible a tu espalda acompañándote el resto de tus días, en las buenas y en las malas, en las mejores y peores, llueva o truene.
Por eso queridos cibernautas, cibercetas o caras-libros, como más os guste que os llamen, da igual cuánto tiempo dediquéis a vuestro espacio, porque como la vida no hay nada.

La realidad es siempre una y sólo una, y debemos de obligarla a que responda a nuestros sueños, por difíciles o imposibles que parezcan, descubriendo que las puertas hacia ellos siempre estuvieron ahí, a la vuelta de cada recoveco, de cada enfado y regañina, sólo debemos seguir, victoriosos o perdedores, en la certeza o en el error, etc. debemos seguir.

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Porque dependen de nosotros…

Comenzaba el día, toda la calle estaba iluminada y llena de gente que iba y venía de algún lugar. Los niños estudiaban en la mesa camilla junto a mí, susurraban por lo bajo debatiendo ejercicios de sus libros de estudio. Me detuve en mirarlos, ¡estaban tan bonitos!, con sus caras recién lavadas y sus rostros rosados de primera hora de la mañana. El día había comenzado con fuerza para ellos y para mí, juntos re-calculábamos una y otra vez, proponíamos estrategias y metodologías distintas, y conforme pasaba la mañana el niño pequeño cambiaba de parecer a pasos agigantados. Fue cuando me di cuenta de que estaban creciendo, de que sus manitas eran más grandes conforme pasaban los segundos. Debía darme prisa y correr a través del espacio más rápido que ellos, a una velocidad de vértigo, casi como si me fuese la vida en ello. Su futuro y quizá el resto de sus pequeñas viditas estaba en mis manos, en estas manos que tan cansadas de escribir están, en estos codos rasgados del esfuerzo… en mí. ¿Y quién soy yo o quién me cree la vida para ponerme tal reto de frente?, ¿acaso yo soy una heroína o super nani que hace de los niños una especie diferente? ¿se convertirán estos enanos en la clase de persona que soy yo ahora?.

Sí, probablemente sí o cabe la diminuta posibilidad de que no. Porque estas personitas por suerte o desgracia son esponjas, se empapan de todo lo que oyen, palpan y ven a su alrededor. No obstante seguiré intentando cada día aportarles a su minúsculo/enorme coco valores de la vida, del mundo y porque no, del espacio y las estrellas. Sin duda iba a pasarme el resto de la mañana nombrándoles repetidas veces y eso no debía acelerarme u ofuscarme, sencillamente debía mantener el control.
Son cositas preciosas que la vida y no una cigüeña me dio, son mis manos y quizá mis pies, mi motor para levantarme y comerme el mundo, mi salida cuando todo está cerrado y mi puerta cuando hay que escapar. Pero… necesitan todo cuanto les pueda dar, así como un bebé es dependiente por completo de sus mayores, un niño de 8 años, 13, 14, etc. también lo es. Y no por ello me siento usada ni coartada, todo lo contrario.
Cuando crezcan y se hagan adultos valorarán todo cuanto se haya hecho por ellos, y es en ese instante y no en otro cuando entenderán lo difícil que fue y cuánto costó introducirlos en un espacio con peligros (‘el mundo’) y darles los materiales necesarios para afrontarlos sin miedo.

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